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Ed Sheeran: El caos y la euforia

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Por. León Cuevas

El pasado 10 de junio del 2017, El Palacio de los Deportes se llenó de Sheerios, que oscilaban entre los 13 a 25 años y algunas extrañas excepciones que rebasaban esa edad. Más de 21 mil seguidores conmocionados estaban listos para ver al pelirrojo tatuado, Ed Sheeran, tocar su guitarra acústica. La gran mayoría iba acompañado de sus papás, evidentemente, por la edad; otros muchos esperaron a sus hijos afuera. Hubo padres, acompañantes y asistentes que venían de otros estados de la república, y algunos verdaderos fanáticos que llegaron a verlo a la gran ciudad y, además, ya tenían sus boletos para escucharlo nuevamente en Guadalajara.

El concierto empezó una media hora después de lo planeado, y el telonero, Antonio Lulic, pese a ser poco conocido en México, ganó la simpatía del público. Al salir, el esperado cantautor abrió con Castle on the hill y después siguió con un buen repertorio que incluía canciones como Divide, Shape of you, Eraser, Galway girl, Barceona, Photograph, You need me/ I dont need you, entre otras, faltando algunas esenciales como Gimme love, que aunque fue solicitada por el público, nunca cantó.

Entre las especulaciones previas al evento se temía que hubiese un ataque terrorista como el de Manchester, sin embargo, el cantante británico dijo que hacer estos conciertos fortalece a la gente en épocas de violencia, haciendo referencia al ataque pasado en el concierto de Ariana Grande.

El caos fue cuando, al terminar el concierto, los fans, entre el llanto y la conmoción, se encontraron afuera un diluvio tan grande como para inundar la ciudad. Este duró bastante tiempo y el divino Tláloc no tuvo ni un poco de piedad. Muchos de los eufóricos asistentes, ya sin voz de tanto cantar, hubieran deseado agarrarse en pareja y encontrar una gran arca que los salvara, pero como no fue así y la realidad es mucho más fría, tuvieron que arriesgarse a salir para empaparse hasta la ropa interior, algunos cubriéndose con lo que pudieran, otros más prevenidos llevaban paraguas, algunos esperaban encontrarse a papi y a mami ya con uno para ser salvados o encontrar el camión que los había traído, para los que venían de otros estados.

Fue así que un gran momento de euforia terminó en un momento aterrador, donde todos corrían como despavoridos para buscar a donde refugiarse, árboles, puestos de chácharas, puentes, lo que fuera. Pero tal vez cuando todos pudieron estar a salvo, exprimiéndose los calcetines, pudieron volver a sentir la euforia que sintieron entre los empujones del concierto mientras cantaban una tras otra las canciones del señor Ed.

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¡SALUDOS!

Por. León Cuevas

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