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#SayHot LOS HOYOS DE LA GLORIA EN LA CUARENTENA

¿una práctica que se pondrá en auge?


por La Profe

Durante esta cuarentena, miré hace poco en un canal de películas por suscripción Frente al Mar, un filme de Angelina Jolie y Bratt Pitt en el que encarnan a una pareja de artistas Vanessa y Roland (ella bailarina, el escritor) con 14 años de matrimonio, que ha caído en el desgaste y la rutina, sumado a un acto implícito de maltrato. Ellos se van de vacaciones a una costa francesa y en medio de la desconexión y la tensión de no soportarse y estar juntos, descubren gracias a Vanessa (Angelina), un hueco en la pared de su habitación, a través del que pueden espiar a una pareja de recién cansados que tienen sexo alucinante varias veces al día. Con esto sacan a flote su lado obscuro, voyerista y morboso.

En el desarrollo de la película, la nueva actividad favorita de la protagonista pasa de leer revistas de moda todo el día, observar a su vecino, broncearse y ver desde el balcón al mar; a espiar por el hoyo en medio de la pared. Lo que Roland descubre, y a lo que se une. Con esto, tienen una actividad en común que les permite superar las malas vibras, e ir teniendo una distensión para ir reconectando y superar ese suceso que no es contando de manera explícita en la película, pero que se entiende como fuerte.

Así las cosas, ambos se sientan al lado del hoyo para apreciar a detalle todas las escenas sexuales de la joven pareja francesa. De esta manera, se va despertando la lívido de ambos, con lo que logran después de muchas trabas tener el sexo que tanto les hacía falta, lo que daña la protagonista al acostarse con su vecino, al que siempre le tuvo ganas.

De esta película me queda, además de la buena trama el tema de los hoyos de la gloria o Glory Hole, que recientemente llegaron a mis oídos de manos de una confesión sexual en la que compartían y narraban una historia en torno a ellos.

Los glory hole son hoyos o agujeros en las paredes de baños públicos, cabinas sexuales, sexshop o lugares de alquiler de películas para adultos, a través de los que se puede tener diferentes prácticas sexuales de manera anónima. Esta es su verdadera magia, no saber con quien se interactuó, no verle, no conocer su historia. Sólo probar su sexo.

Estos se originaron en el Antiguo Egipto, tomando auge en Grecia y posicionándose en Asia por las peleas de sumos, en las que durante varios días de lucha, las personas más talentosas o con acceso a tiquets exclusivos, podían ir a las cámaras de la gloria a tener sexo. Esta práctica se fue esparciendo por el mundo sin importar el nivel socio económico, o la condición y para 1950 ya estaba en la mayor parte de países.

Si se piensa en el contexto de un glory hole, se podría asociar con una práctica sucia por su espacio en el baño, y por ende peligrosa. Sin embargo siendo consensuada, le puede brindar nuevos aires a una situación de la relación de pareja.

Si se utiliza como el voyerismo de la película que les conté, o de manera explícita, si se decide ir a una de estas cabinas “prohibidas” en compañía con alguien de confianza, no sólo para observar, sino para darle una felación o sexo oral a alguien desconocido (mientras lo ve su pareja), o una rusa y hasta una penetración, si así le apetece. Lo importante siempre, es no ir solos, dirigirse a un lugar que cumpla los protocolos, consensuar el acto introduciendo sus dedos en señal de aprobación, tocar las condiciones del agujero, con el fin de no causarse alguna herida o accidente; y si está dispuesto a realizar, o dejarse hacer cualquiera de las anteriores prácticas, sí o sí debe cargar y utilizar condones.

O si por efectos de la cuarentena, quiere recrearlo en su casa, hágalo junto a su pareja, lo cual les dará un toque de morbo y lujuria, que despierte las más bajas pasiones. Eso sí, no se le ocurra perforar un hoyo en la pared para espiar a sus vecinos, porque esto aunque tiene un tinte de morbo, no es legal. El sexo siempre debe ser consensuado, no sea que le pase una situación como en la película La cosa más dulce, cuando Cameron Díaz entra en un baño, ve una pintura de perro muy dulce y en su boca hay un agujero por el que se asoma y el golpea un pene.

Todos queremos sexo, pero lo queremos en un acto aprobado, en el que dos o más personas involucradas disfruten, exploren, se liberen y jueguen. Por eso, si se anima a probar de los legendarios hoyos del placer tenga en cuenta todo lo que le conté, y dígame en los comentarios si ha llevado a cabo esta práctica, o si cree que se va a poner en tendencia tras la cuarentena, por efecto de los distanciamientos.

La profe.

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